domingo, 19 de febrero de 2017

DIARIO DE UN CUIDADOR INEXPERTO
Mi madre este fin de semana esta con un cuidador experto, mi hermano,es una suerte para ella y para mi por que hablamos, tenemos oportunidad, de hablar de la vida,para comunicarnos, sentirnos bien escuchando las voces calidas, es una buena forma de buscarnos los domingos, de nacer y morir, hoy le contaba a mi madre, que tengo las manos llenas de pintura, que el viernes estuve pintando con colores,revolucionarios,pinte de negro, la puerta de mis, nuevos sueños, se que suena paradójico pintar de negro una puerta, de negro y rojo llevo las manos manchadas,de ambos colores.
Mi madre me dice la pintura sale con un estropajo, y con una piedra pómez,ella sabe mucho de pintura, todos los años por primavera sacaba su ''artilleria'' para quitar las huellas del invierno de su piso, la pintura me dice limpia la casa,se necesita pintar siempre, todos los años,hay que renovarse,la pintura es el aire para el pulmón de la casa.
Acicalar la vida es tan necesario como lavarse la cara cada mañana para despertar,poner los sentidos cada mañana poner la luz en nuestros ojos mientras el agua se derrama por mi cara.
Miro mis manos y me quedan restos de pintura,me cuesta pensar, que unos colores,hagan tan hermosa mi existencia, me lleven a tantos lugares, y tantas emociones, me acerque a Sandino, y a la ''revolución'' que dejo AURORA en mi casa, a los versos de Miguel Hernandez'' pintada y no vacía pintada esta mi casa''me lleva a la vida de mi abuelo que era blanqueador,antes el oficio de pintor estaba reservada a los artistas, mi abuelo estaba muy orgulloso de su oficio de blanqueador,se lo enseño su padre, trabajaba con la cal y tenia, su punto de agua, era todo un rito,como preparaba las brochas hechas con crines de caballo,atadas a una cañas traídas de la ribera del rió, yo de niño le preguntaba, abuelo, por que hierve la cal, y a el, le costaba explicarme,es un misterio decía, un misterio del oficio de blanqueador,le echaba azulete, para pintar las habitaciones,unos polvos que las mujeres también usaban para blanquear la ropa lavada.
Yo le ayudaba a marcar el zócalo, el cogía un cordel marcaba con su lápiz grueso de carpintero, una señal en la pared, luego me decía aprieta fuerte joselito el cordel contra la piedra, lo tensaba y lo lanzaba como el que lanza una flecha, en la pared quedaba una raya,la que marcaría la frontera entre el blanco y el negro.
Mi abuelo después de la guerra tubo que cambiar de oficio para lo rojos,no había trabajo nadie lo llamaba para blanquear,solo blanqueo su casa, pero el cada día sacaba sus brochas, y las ordenaba,las preparaba,y impaciente esperaba que le llamaran a trabajar, nadie lo llamo, era un señalado,un blanqueador sin cal.
La cal la usaron los vencedores, para seguir haciendo eterno, un tiempo de guerra, para enterrar a seres que llevaban en sus manos los mismos colores que yo ahora tengo en las mías.

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