miércoles, 20 de enero de 2021

 

LA CARPETA AZUL DEL MAESTRO

 

Esa última noche de mi estancia en el internado, no dormí nada, nos acostamos muy tarde y muy nerviosos yo aquella noche y como si fuera un presagio me dormí recordando cómo se fraguó mi entrada en el seminario.

 

Fue en Junio de 1968 a finales de mes el verano ya empezaba a calentar en las falda de Sierra Mágina, mi familia recogía las pocas pertenencias que a esas alturas del año quedaban en  el cortijo, mi padre segaba en las panderas del “Salao”. Mí hermano y yo jugábamos junto al pozo y mirábamos una gran polvareda que se acercaba por el camino, era un coche negro un Seat 1500  que llegaba levantando una gran polvareda, se notaba que los que llegaban  al cortijo no era gente de campo, nadie que pasara por esos caminos en verano podía ir a esa velocidad, venían de los pueblecitos de la Sierra de Mágina, y entraron al cortijo volando, con una prisa no conocida en el lugar, soló la guardia civil cuando llegaban al cortijo en sus redadas rutinarias entraban de esa manera, “galopando” con un auto, como entró el coche esta mañana en el camino polvoriento  del “Pelotoso”.

Llegaban en auto conducido por chofer uniformado, con la cabeza cubierta con gorra de plato y dos curas con sotana y sombrero, mí madre se secaba las manos en el mandil en la puerta del cortijo, llevaban un maletín de cuero negro y se acercaron a la puerta de la casa, con sus zapatos brillantes que enharinados de polvo no parecían zapatos, uno de ellos se espolsaba el polvo de su cartera y se colocaba el sombrero de teja, Yo no había visto nunca esos sombreros tan vistosos de ala ancha y círculos perfectos, nuestros sombreros eran de paja, mi padre le colocaba un pañuelo para proteger su cuello de aquellos calores abrasadores del sur.

                Dejaron una carpeta azul sobre una mesa preñada de aceite, allí estaba mi nombre  Joselito (José Montoro) en esa carpeta estaba escrito mi futuro inmediato, me incorporaría en septiembre al internado de Ubeda  para escolarizarme y comenzar mi primera enseñanza. Ése verano fue  muy extraño y llego septiembre y me vi delante de la verja negra del internado con una maleta de cartón de la mano de mi madre, llegamos muy temprano, de madrugada nos trajo un camión  de un vecino que llevaba aceite hacia el Norte.

 La escuela estaba cerrada, aún era de noche, yo no tenía sueño, miraba alrededor tras la verja del internado y solo veía unas luces difusas en algunas ventana. Enfrente estaba el cine, al fondo un gran pabellón oscuro, negro como la noche, lentamente fue amaneciendo, con las claras del día empecé a distinguir aquella escuela que sería mi casa en los próximos años. Ahora no estábamos solos, fueron llegando más madres con sus hijos de la mano. Mi madre hablaba con los recién llegados y me decía Joselito mira estos niños son como tú, vienen también a la escuela, yo permanecía callado, mudo, el corazón se salía de mi pequeño cuerpo.  Tenía  una sensación muy extraña, entre miedo y mucha ansiedad.

Ya con el sol fuera se acercó un sacerdote, con su sotana impecable, recién planchada, con un inmenso manojo de llaves que tintineaban en sus manos. Abrió la gran verja de hierro que parecía un gigante, la puerta “ rugía” como una bestia por falta de engrase, mi madre me cogió de la mano y  nos dirigimos a un inmenso pabellón donde estaban las aulas, era la primera vez que yo me separaba de mis padres, la primera noche que mi madre no me daría un beso para dormir y yo lloraba desconsolado y le pedía a mi madre que no me dejara en aquel lugar. Lloraba amargamente abrazado al cuerpo de mi madre, pasaron unos instantes que  me parecieron una eternidad, y se acercó un hombre con sotana y un sombrero blanco, era el Maestro, me pidió que le acompañara y yo le dije que no, le negué con la cabeza su ofrecimiento “una y mil veces” y seguí apretado al cuerpo de mí madre, con las lagrimas y los mocos manchando la falda gris de mí madre.

Después de casi una hora que permanecí sentado en las escalerillas del cine del internado suspirando de tanto llanto, se acercó de nuevo el maestro, y le preguntó a mí madre como estaba, ella no respondió, mí madre lloraba también, yo no sabía que hacer, no quería ver llorar a mí madre, y tampoco quería quedarme en el internado sin mi hermano y mi familia, pero aquello no tenía vuelta atrás, yo miraba las carteleras de la puerta del cine, por no ver las lagrimas de mí madre,- el maestro hablo, hacemos cine los jueves por la tarde, y los domingos.

El maestro cogió mi maleta de cartón y se despidió de mi madre y me ofreció su mano, y yo se la negué bruscamente, con un gesto de desprecio, el despacio se encamino hacia el aula y yo le seguí, en silencio unos pasos detrás,

-el maestro me dijo le has dado un beso a tu madre, yo lo negué, él me ordenó, ves y abraza a tú madre, luego si quieres quedarte aquí, estoy esperándote, - yo fui y abrace a mí madre, y corriendo me acerque al maestro que estaba en la puerta del aula esperando.

Abrió la puerta del aula donde todos los alumnos gritaban y reían, se hizo un silencio sepulcral y de la garganta del maestro salió mi nombre, - se llama José Montoro y es vuestro nuevo compañero, me indico mi pupitre y se fue al estrado, el maestro abrió su carpeta azul y escribió en la pizarra" decíamos ayer" bienvenidos al primer día de clase.

Ahora muchos años después, recuerdo la voz grave del maestro y vuelvo a llorar y esta vez es de alegría.

 

VALENCIA 20 DE ENERO 2021.

 

viernes, 15 de enero de 2021

 

UN INFINITO JUNCO POR TESTIGO

 

 

                Ando releyendo  y subrayando con lápiz “alemán de mina blanda” un libro del que hablaron muy bien en plena pandemia, yo ley entonces críticas muy buenas de amigos escritores, también me hablaron muy bien de esta obra la sabias lectoras  de mi club de lectura, las críticas en prensa y mis sabias amigas nunca me fallan a la hora de señalarme una lectura, se trata del INFINITO EN UN JUNCO DE IRENE VALLEJO.

   Cuando se publicó  la primera edición de ese libro en septiembre del 2019,ya lo vi cómo posibilidad de “auto regalo” para mi cumpleaños que es septiembre también yo nací el mismo mes que el magnífico libro de Irene Vallejo en septiembre.

Cuando cumplo años y es una manía mía, siempre me regalo poesía como reivindicación por los versos, le da siempre un sentido nuevo a un año que renace cada vez que apago la llama del presente, entonces empiezo la senda de un poemario, el ultimo es (Días en Blanco la poesía completa de José Luis San Pedro) me acompañara hasta septiembre de este 2021 este año tan extraño y tan “blanco” tan resbaladizo que acaba de comenzar y que espero que los libros me protejan ahora más que nunca me encomiendo a la palabra escrita.

 Nunca me auto regalo “ensayo para mi aniversario “y ya sé que no es un ensayo,  este magnífico libro es mucho más que un ensayo es un una reivindicación de la lectura, los libros nos agrandan la vida hacen que las alamedas del alma se abran en cada palabra en cada lectura hay un  abrazo un suspiro, sí claro que los libros tienen vida propia los autores y autoras, son  padres y madres de palabras escritas que nos emocionan nos hacen llorar, soñar vivir, los libros insisto nos agrandan la vida, por cierto que buena la palabra ensayar como me gusta, me lleva a otro territorio que me encanta el teatro.

En casa hace ya unos años evitan regalarme libros, porque dicen que los libros me los regalo yo y que no tengo paciencia para espera un regalo, sobre todo si es un libro que me gusta, así que ya dan por hecho que yo  me auto regalo el poemario que me gusta.

Los libros sirven para mucho, y los que sois  lectores lo sabéis de sobra, hoy he descubierto una doble capacidad de las palabras escritas, ahora estoy leyendo frente al sol que cae de las montañas de Morella un sol que brilla sobre la petrificada nieves de los “puertos Morellanos” un lugar del paraíso para tomar el sol en los días de frió como hoy, me acompaña la lectura acabo de subrayar unas palabras de Ovidio de su libro el “arte de amar tan censurado y castigado por el imperio romano, por los cristianos, el sol se ha puesto frente a mis ojos deslumbrándome con su claridad imponente,  he puesto estas alas de palabras en mi cara para protegerme, este Papyrus de James Bruce que me acompaña esta mañana esta portada antideslizante suave, me he quitado los guantes y he pasado mis dedos por la piel de esta portada tan hermosa y cómplice de El infinito en un Junco es una de mis “debilidades” pasar mis dedos por la piel del libro,  he abrazado estas palabras como si abrazara el amor del poeta Ovidio, y la emociones se conjugan, se mezclan con este Sol de invierno, con esta ternura que significa abrazar palabras, y mis ojos denuncian  también a los bárbaros que quemaban libros, tantas emociones esta mañana de Enero con el alma cargada de memoria, abrazando un texto para calentar mi cuerpo,  revindicando siempre el planeta libro como la herramienta tierna para agrandar la vida.

Morella enero 2021.    J.MONTORO

jueves, 24 de diciembre de 2020

 

Cuento de navidad, con madre en el corazón

 

 PRIMER DÍA DEL AÑO 2021

Hoy me desperté temprano el repiquetear de la lluvia que en los cristales de mi lugar de trabajo, me despertó, y fui a mí "LEONERA" preñada de libros,mi taller literario que anda un poco revuelto, cuando me dice mi familia que soy un desastre un caos organizativo yo les respondo que no es mi culpa son los libros los que se bajan de las estanterías, las fotografías que cambian de sitio los apuntes que se mezclan entre ellos, los recuerdos que se instalan de una manera anarquica.
Yo nos soy escritor ni poeta,ni siquiera cuentista ya me hubiese gustado a mí ganarme la vida con relatos y poemas, pero para eso hay que ir a la escuela y yo no fui nunca a ninguna y no incluyo la escuela en aquel internado de Jesuitas donde pase cinco años lo mejor de mi infancia en un "campo de concentración en un internado donde no me enseñaron nada"donde estuve asta los 14 años sin mas equipaje que una sotana remendada, yo fui electricista, esa fue la profesión que me dio de comer durante 45 años,años entre voltios,entre alicates y destornilladores,ahora es verdad tengo mi taller literario,tengo a los narrador@s a los poetas que se mueven como pez en el agua en mis cuatro paredes libros abiertos como pájaros, y un motón de palabras en mi mesa.
Hoy primer día del año me desperté en sueños,era mi madre que me besaba, ella se fue hace dos años,aun cielo del Sur,pero sigue viniendo a verme cada noche,mi madre se fue sin enseñarme a vivir sin ella.
Hoy primer día del año ella estaba en los cristales de mi taller literario vino seguro a felicitarme el año, estaba entre la lluvia con su paraguas de flores que compramos en el mercadillo de Ubeda, yo la contemplo entre las alas de las palmeras que se desperezan en esta Aurora lluviosa y siento el abrazo "prohibido" de mi madre sus besos que nunca me faltaron.
Ahora abro las ventanas para que pase este nuevo año a mi casa para que se instale en la parte del calendario que quiera, el año pasado el 2020 yace en mi papelera rebosante de poemas que no fueron se fue un año entre tachones y versos náufragos.
Ahora escucho la voz de mi hijo del otro extremo de mi casa,-me pregunta papa que haces tan temprano levantado, que hoy es año nuevo y yo le digo que estoy cerrando las ventanas para que no entre la lluvia-y no es cierto estoy abriendo las ventanas para ver el agua que cae mansamente esta mañana de enero,para ver tras las cortinas a mi madre que me da un beso y me dice feliz año Joselito,feliz año a tod@s los que me quieren y mucha poesía para seguir resistiendo,y a mí madre un beso y gracias por no enseñarme a vivir sin ella, por que sin una madre nadie puede vivir.
Valencia 1 de enero 2021.

            Mi madre se pasó la vida tejiendo, desde siempre la recuerdo con un ovillo de lana y sus agujas de madera de enzarzar la lana, siempre en su sillita de coser porque ella tenía su silla de nea preferida para aquel trabajo artesano que ella lo hacía por necesidad, porque en casa en mi infancia no teníamos para ropa llevábamos siempre ropa usada de los hijos del señorito y un “saquito de lana “ella siempre tan preocupada por mí “ ponte el saquito que te vas a constipar Joselito y yo me marchaba a las eras a jugar a futbol era mi gran regalo de navidad, corre detrás de una pelota de trapo después de venir de la “aceituna “dejar el saquito azul encima de la piedra que era la portería, y galopar por la piedra y la hierba hasta el último gol que siempre lo metíamos cuando se hacía de noche.

            Hoy miro hacia tras y veo en mis recuerdos su imagen, tantos años tejiendo del “derecho y del revés” del “bobo y el ocho” ahora la contemplo  bajo la parra de Baeza, preparando mi ropa para el internado, cosiendo el número 382 en mí sotana de botones, en mí saquito “bobo” siempre tejiendo buscando el sol del invierno y la brisa fresca de la tarde en verano, la lana era uno de los privilegios que teníamos los pobres, la única manera de estrenar una prenda aunque la lana fuera usada siempre se reinventaba  y volvía a tener uso, me gustaba hasta el vocabulario que ella usaba “una vaga, cinco del derecho, dos juntos del revés “y así me explicaba ella con sus duces palabras su trabajo de tejedora.

            La última vez que la vi tejer fue un invierno en Valencia tenía su vieja sillita de nea junto al balcón, al sol de Diciembre ella estaba preparando el belén para esas navidades y entre el musgo la serpentinas y todas las figuras sobresalía un  niño Jesús desnudo, ella lo tenía en sus manos aquella imagen tan tierna y desnuda yo la vi  a ella como con sus dedos tomaba medidas a aquel niño Jesús, la mire y no le dije nada nos despedimos y el día de noche buena como todos los años fui a su casa y contemple su hermoso belén, mis ojos se fueron directamente al niño Jesús estaba vestido con un “saquito” blanco, de un jerséis de lana que yo le di un día para que me hiciera unos guantes, y ese ¿niño Jesús le pregunte? Le he hecho un “sallo” para que no pase frio que lleva demasiados años desnudo me dijo me acerque hacia ella y le di un beso, de los bolsillos de su mandil saco un regalo hecho por ella estaba envuelto con papel de navidad, ten me dijo mi regalo.

            Hoy que la vida nos une  de nuevo, tú en algún lugar del cielo, ese cielo que yo pinto de color del Sur, ahora miro tu fotografía, con tu regalo en mis manos aquellos guantes de lana que me hiciste aquel día que decidiste que el niño Jesús no pasara frío, ahora miro tu fotografía frente al belén y veo tu imagen junto al niño vestido con un saquito blanco hecho con tus manos sarmentosas, ahora madre el mundo deja de existir y solo estas tú, siento ganas de llorar,   lloro será por ti madre, porque tú eres todo para mí.

 

           VALENCIA 24 DE DICIEMBRE 2020, NOCHE BUENA.

 

 

 

miércoles, 25 de noviembre de 2020

 

Zurcido azul

 

 

                Hoy definitivamente se murieron mis pantalones, supongo que pensareis que la ropa no tienen vida, pero sí mi ropa tiene alma porque sé lo que significa no tenerla, mis zapatillas, mi pijama del internado con el n 382 bordado en un ribete tiene memoria y por tanto vida.

 Hoy se me murieron los pantalones de andar los viejos pantalones de ir al campo, los de recoger la aceituna solo tenían treinta años esos pantalones remendados y zurcido muchas veces, recuerdo cuando me los compro mí madre fue un invierno, una navidad la última que pasamos juntos en Baeza fuimos a recoger la cosecha  de aceituna, durante mucho años lo único que nos ataba al sur era la familia incluyo a todos mis vecinos, todo lo que ataba a mis padres al Sur eran sus seres queridos, la casa y los olivos las estacas de las tres fuentes, y las palancas de las ventanas, en esos dos lugares fui muy feliz, hay pasaba los veranos, éramos soñadores desterrados cuando cada año volvíamos a aquellos lugares que marcaron nuestras vidas.

 Cuando emigramos y dejamos nuestra tierra por el  hambre que nos acechaba no el hambre de comer si no el “hambre” de futuro y por eso marchamos de aquellas tierras tan hermosas y fecundas no tenían futuro, mi padre pensó que cuando la vida nos diera un respiro, cuando dejáramos de ser carne yugo  iríamos juntos a labrar aquel paraíso de terrones de tierra blanca, aquella pandera de las ventanas, aquel remanso de las tres fuentes, mis padres pensaba que un día volverían a la tierra que les vio nacer pero eso no paso primero porque la fábrica de “chapas “de madera donde trabajaba mi padre, nunca paraba y la caldera donde el dejo parte de su vida le tenía preso de sus días y de sus noches y los años pasaban, y nunca se encontraba el momento de volver y los olivos del pueblo cada vez tenían más hierva y menos fruto.

Cada vez quedaban menos momentos para labrar la tierra y bajamos a verla cuando se nos iba algún ser querido, cuando íbamos de entierro a despedirnos de alguien de la familia, que esa era la razón más fuerte para volver, íbamos siempre a Baeza a despedidas y lo que se “va  ya no vuelve”,  se iban los hermanos de mí padre y se iban nuestros olivos llorábamos en silencio viendo la “estaquilla “que plantamos un día  y que ya la hierba la ocultaba, vimos que los acebuches del ladero estaban salvajes, poco a poco comprendimos que aquellos olivos necesitaban un dueño que tuviera su mundo en el pueblo, hace treinta años mi padre vendieron la tierra el cordón umbilical  que les unía a sus recuerdos, fue el dinero más amargo, recuerdo que cuando mi madre salió de la notaria con los cuados duros que le dieron por la tierra me dijo –Joselito vamos a comprarte unos pantalones, mí madre siempre que tenía algo de dinero me compraba ropa, “vivimos tan desnudos en la infancia” que hasta el final de sus días mi madre quería cómprame ropa.

Ese día  fuimos a comprar un pantalón azul con cuatro bolsillos delantero, eran los primeros modelos que llegaban al mercado, decía el  joven vendedor  unos pantalones  de trabajo con bolsillos “parcheados” mi madre los miraba tanteaba la tela mientras preguntaba por el dueño que no era otro que el padre del vendedor fallecido recientemente, mi madre le contaba al chico todas las bondades  de su padre, lo bien que se portaba  con nuestra familia “fiando” genero para pagárselo a plazos como todo lo que mi madre compraba, hoy no sería así hoy llevaba dinero aunque fueran  “billetes dolorosos” de la venta de unas tierras que tanto significaban para toda la familia. Mí madre miraba el diseño del pantalón  mientras yo me lo probaba y decía su frase favorita si te están grandes mejor yo le meteré en la cintura que tienes que “engordar” Joselito que estas muy canijo, (para mi madre siempre estuve muy flaco y siempre repetía la misma frase Joselito tu has visto algún muerto gordo) salimos de la tienda y nos fuimos a comer casa de Checa en la carretera de IBROS era su  bar favorito nadie cocina como los CHECAS, y eso que ella era muy buena cocinera, recuerdo aquella comida en familia con postre y café estará siempre en mi memoria “mi padre decía esta comida es a salud de todo lo que trabajamos en cuidar aquellos olivos centenarios” y lo que era una despedida se convirtió en un brindis por la vida.

Hoy se murieron mis viejos pantalones antes de hacer la tela trapos recorte los viejos zurcidos azules hechos por las manos artríticas de mi madre, artesanas puntadas de hilo que ahora repaso con mis manos, remiendos que mi madre hacía en la tela una y otra vez.

Hoy mi hijo de reía al ver como yo guardaba en una cajita de madera el  remiendo de mi madre y me decía  riéndose se te está haciendo pequeña la  cajita de la memoria, y sí la caja de los recuerdos, de la vida siempre es “pequeña” sobre todo cuando el tiempo los “implacables” años pasan dejándonos huérfanos de seres queridos pero preñados de recuerdos hoy todo lo que tocaron tús manos tienen vida en mi corazón madre.

 

VALENCIA 25 de noviembre 2020.

jueves, 29 de octubre de 2020

 MIGUEL HERNANDEZ 110 AÑOS DE PRESENCIA.


(HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA)


Las voces de tu recuerdo nos atrapan y sigo teniendo una querencia por acento, dicen que

creciste con el SIGLO DE ORO en tu morral, dicen que tu amor era como un rayo que no cesa

un amor platónico (MARIA CEGARRA) otro amor torrencial (MARUJA MAYO) y el gran amor de

tus huesos (JOSEFINA MANRRESA).

Yo que este año camine contigo con tus mujeres en mi retina, con tu vecina y tu

adolescencia cuando llego la hora del amor Carmen Samper (La Calabasica) la costurera de tu

calle tan bella como ingrata, que te hizo sufrir los primeros desvelos por amor.

Y de amor de otro amor el de madre para caminar, por la infancia para andar por la calle de”

arriba” y perderse entre lebrillos el pozo y la higuera.

“Voy a coger la punta de la hebra

del camino”


Caminando por la senda de la madre del poeta Concesión Gilabert Giner natural de

Radovan segunda mujer del padre de Miguel Hernández coincidencias de la vida fue el mismo

caso de la madre de Lorca, Vicenta Lorca Romero, maestra de Fuente Vaqueros la madre de

MIGUEL apenas si tubo estudios, Concheta apenas sabia escribir sacada de un entorno rural

una aldea pequeña cercana a Orihuela (Redovan) ella con ese marido bastante “autoritario”.

Ella siempre tuvo complejo de inferioridad ella fue la mujer más importante en la vida

de Miguel Hernández, su padre el de Concheta como el de Miguel era tratante de ganado, ella

era “morena, color atenazado como los gitanos” Miguel las llamaba las “gitanas oscuras “de

poca salud, Concheta lucho consigo mismo “depresiones postparto” que en aquellos tiempos

se trataba como una debilidad, tuvo cuatros hijos y numerosos abortos.

Madre que fue una luchadora, protectora, muy reflejada en la poesía de Miguel

Hernández, en la prosa y sobre todo en las cartas, sugiero releer el poema- SONREIRME.

Ella fue una mediadora familiar, el paraguas de todas las tormentas de la casa de

Miguel, que vivió los golpes del padre, cuando ella se ponía entre el padre del poeta y el poeta,

el sin sentido de un mundo rural donde la disciplina la autoridad se imponía por la ley de los “

golpes y las palizas, también con la violencia verbal a gritos” y en medio de esos gritos siempre

se encontraba tratando de mediar con su ternura entre la furia de un “tratante” y la

adolescencia de un poeta.


La madre de Miguel Hernández le mandaba dinero a escondidas de su padre cuando el

poeta estaba sin recursos en Madrid, cuando estaba en la cárcel le mandaba lo que podía, ella

tampoco tenía recursos cuando finalizo la guerra, y lloro, lloró por su hijo.

“La colera me nubla todas las cosas dentro del corazón, sintiendo el martillazo del

hambre en el ombligo viendo a mi hermana, helarse mientras lava la ropa viendo a mí madre

en ayuno forzoso”

La madre de Miguel le llamaba al poeta “el Cabezoncito por su cabeza grande y por ser

cabezón, en sus ideas y en sus maneras de ser.


Y caminando con la hebra en la mano dejo a Concheta y cojo las manos de las

hermanas del poeta ELVIRA Y CONCEPCION las dos únicas hijas que vivieron pues (Conchita,

Josefina y Montserrat) murieron. Elvira Hernández Gilabert (1908) era la hermana mayor, la

que acompaño al poeta hasta la tumba en aquel sábado vísperas se Semana Santa 28 de marzo

de 1942.


Fue su “gitana oscura” siempre su ángel de la guarda la mujer del panadero fue

la más cercana al poeta, Miguel la quería mucho, ella hizo de intermediaria con el padre del

poeta, ella fue la primera lectora del poeta, la que recibía las cartas de Miguel Hernández

antes de que él entrara en la cárcel, después fue Josefina Manresa quien recibiría la

correspondencia.

La Elvira fuerte que con 14 añitos llevo la rienda de la casa, aquella niña que tuvo que

madurar muy pronto a la fuerza, la que abrió las puertas de su casa de Madrid, donde el poeta

escribió gran parte del poemario “Rayo que no Cesa” la que hablaba con el médico de la cárcel

de Alicante sobre la salud del poeta, su ángel de la guarda la “gitana oscura” que nunca lo

abandono.

Uno de los fragmentos de una carta a Elvira de Miguel Hernández

“Querida Elvira, ya estoy en Alicante, supongo que vais Josefina y tú a verme” Elvira si

llego, ella siempre estuvo, hermana compañera de fatigas.

Miguel Hernández un poeta entre mujeres se nos quedan muchos nombres en el

tintero (Encarnación hermana menor. Josefina hermanita muerta, Carmen y Gertrudis

hermanas de Josefina Manresa etc.) seguiremos recorriendo la senda de Miguel Hernández

este año en los 110 años de su nacimiento lo hicimos de la mano de algunas mujeres que

fueron muy cómplices del poeta.


José Montoro octubre 2020.

 MIGUEL HERNANDEZ 110 AÑOS DE PRESENCIA.


(HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA)


Las voces de tu recuerdo nos atrapan y sigo teniendo una querencia por acento, dicen que

creciste con el SIGLO DE ORO en tu morral, dicen que tu amor era como un rayo que no cesa

un amor platónico (MARIA CEGARRA) otro amor torrencial (MARUJA MAYO) y el gran amor de

tus huesos (JOSEFINA MANRRESA).

Yo que este año camine contigo con tus mujeres en mi retina, con tu vecina y tu

adolescencia cuando llego la hora del amor Carmen Samper (La Calabasica) la costurera de tu

calle tan bella como ingrata, que te hizo sufrir los primeros desvelos por amor.

Y de amor de otro amor el de madre para caminar, por la infancia para andar por la calle de”

arriba” y perderse entre lebrillos el pozo y la higuera.

“Voy a coger la punta de la hebra

del camino”


Caminando por la senda de la madre del poeta Concesión Gilabert Giner natural de

Radovan segunda mujer del padre de Miguel Hernández coincidencias de la vida fue el mismo

caso de la madre de Lorca, Vicenta Lorca Romero, maestra de Fuente Vaqueros la madre de

MIGUEL apenas si tubo estudios, Concheta apenas sabia escribir sacada de un entorno rural

una aldea pequeña cercana a Orihuela (Redovan) ella con ese marido bastante “autoritario”.

Ella siempre tuvo complejo de inferioridad

jueves, 22 de octubre de 2020

 

BASE TRANQUILIDAD

 

 

Agosto fue bastante especial apenas si  vi a mi madre y mi abuela se pasaban los días casa la costurera Rosa que así se llamaba aquella magnífica mujer que yo llamaba la chacha Rosa, mi hermano y yo pasamos casi todo el mes en el melonar  de la huerta de Rascaviejas mi padre como  los últimos años nos hizo una choza apache con paja de rastrojos varas de varear viejas, y hojas de higuera por si llovía algún día que resbalara el agua de la choza, en la duras horas de sol a la alberca y por las noches mirando la luna y las estrellas mientras mi padre roncaba en el camastro hecho de  un” cortinon” viejo.

 Aquel lugar era lo más cercano al paraíso desde nuestra choza veíamos toda sierra de Mágina, si las noches son estrelladas nosotros contábamos estrellas o buscábamos la Osa Mayor, en las noches de luna llena caminamos por ella saltando  como  ese mismo año lo hizo NEIL ARMSTRON  aquel mes de julio el día 20 de 1969, se lo oímos contar al señorito mientras fornicaba con su última amante y le enseñaba su pene erecto, borracho como siempre,

 

_ ¿gritaba mira Marisol mira el APOLO 11 te lo voy a meter todo en el “chochete” ábrete de piernas que vamos a la Luna?

 

Esas palabras que aquella tarde oímos  en la cámara esas y otras que escuchamos  como” Base tranquilidad’ que contaba Marisol la amante del señorito esas palabras que al inicio de agosto nos contaba Diego el panadero que siempre que nos encontraban, nos contaba sus viajes, de cuando él estuvo en división Azul en Rusia él nos contó el Alunizaje perfecto del  apolo 11 en aquel barbecho lunar en un llano , junto a un mar lunar,  eso nos decía nuestro vecino el panadero que también nos habló con detalles  de aquel alunizaje, como tantas cosas que nos contaba y que nuestro abuelo nos decía que eran mentira,

 

-Eso son mentiras nos decía nuestro abuelo que odiaba a Diego, pues mi abuelo era comunista y el panadero requeté.

 

 

Nosotros crecimos con las historias de mis abuelos y la de mis vecinos con la vida de Rafael y su galgo el Guerra, mí calle era un mundo mágico……

 

 

 

 

Valencia 22 de octubre 2020.

 

 

j.montoro.