jueves, 23 de julio de 2026

 Joselito el de los "Mandaos"


Hoy he madrugo para ir al huerto, por cierto no he visto a Plauto, los dramaturgos ya sabéis son noctámbulos, con este calor las neuronas de la comedia  se van de vacaciones, en estos momentos la polarización  permite poca comedia, incluso los jueces "justos" y la polícia cumplidora le han dado por meter en el calabozo en Salamanca a un cómico, supongo que por hacer reir es cosa de locos, no es raro por tanto que Plauto haya desaparecido.
Hoy decidí darme un baño en la piscina municipal a ver si así consigo equilibrar mis neuronas, normalmente suelo irme provisto de la prensa o de algún libro pero hoy por no llevar no llevaba ni toalla, me ampare en una toalla de la costa Brava y en un libro de Elvira Lindo que se quedó extraviado en el maletero, el bañó la verdad me sentó muy bien,  tumbado en la toalla casi con los ojos cerrados quizás dormido, escuché a mi lado la voz de un chico con acento argentino, "  voy yo, hago muy bien los mandaos" esa palabra mandados me llevo directamente a mí infancia yo era Joselito el mandaero, durante toda mi infancia mi madre confiaba en mí, yo era el encargado de tal trabajo recuerdo que muchas veces lo hice a regaña dientes, aunque nací  para "obedecer" nunca me gustó hacer las cosas cuando querían los demás pero a mí madre si, a ella en toda su vida,  nunca le di un no por repuesta a una madre no se le debe decir no nunca, mi madre me mandaba para cosas práctica, no para recados ella decía que yo no servía para los recados, ella decía que tenía mucha imaginación que me inventaba demasiada cosas, que mis recados eran poco creíbles, sin embargo los mandaos eran lo mío,  por larga que fuera la tarea nunca me faltaba nada mi madre no sabía ni leer ni escribir, ella me daba un papel estraza y  el único lápiz que teníamos en casa, me decía Joselito escribe que más vale un " lápiz largo que una memoria corta" ella no sabía leer ni escribir pero nunca olvidaba nada,  hoy leyendo a Elvira Lindo en la piscina me acordé de mí madre, ella no pudo leer nunca ningún libro, ella hubiese sido una lectora empedernida estoy seguro,  como yo era un buen mandaero, que buena la vida,  que bueno los sentidos que, apenas con escuchar una palabra te puede llevar a la infancia, a mí madre, a un tiempo pasado, que será memoria perenne en mi vida

 Julio de recuerdos en el cementerio de Sedavi
Con la Dana en mi memoria 


 El domingo volví al cementerio de Sedavi todavía permanece las huellas de la Dana las lápidas  que se desprendieron de sus seres queridos permanecen hacinadas a la derecha de la entrada del campo santo el barro sigue tatuado en el mármol como fiel testigo del dolor, que permanece en todos los corazones que permanecen helados desde que aquel fatídico 29 de octubre. Aquel día no lo olvidaré jamás como no olvido la pésima gestión de un presidente, que no estuvo nunca.
El domingo fui a ver a mi familia al cementerio, yo nunca fui partidario de los campo santos, y poco a poco de tanto visitar a mis seres queridos me he ido acostumbrado a ese territorio tan misterioso para mí, me acostumbre tanto que casi  estoy por pedir que el día de mí despedida cuando la parca venga a buscarme me entierren junto a mis padres en el nicho de la cuarta donde llegó el agua todavía permanece la marca del horror, hay están las huellas, en la esquina de la calle del olvido en el lugar donde nunca falta el sol y el romero, el que crece enfrente de la tumba de mi padre, romero republicano que crece del corazón de  los fusilados por defender la libertad.
Cuando era niño y aún vivía en el SUR  yo no quería ir por el camino blanco y polvoriento del cementerio  de Baeza, huía de pasar por la puerta del cementerio de mi pueblo solo ver la fachada me daba pánico ver los monumentales jarrones de piedra cubiertos con unos enormes velos negros me aterrorizaba, tenía miedo de contemplar aquella verja con ángeles de hierro. Mi padre le encantaba pasar por la puerta de el cementerio, subido a lomos de la mula y camino de la Escareuela donde mi padre sembraba garbanzos pues decía que eran muy tiernos aquellos que recogíamos en verano cerca del cementerio, casi de madrugada al alba dé la mano de mí padre  pasábamos por la puerta del cementerio con un riguroso silencio, el camino de polvo al amanecer desierto enmudecido,- yo sentía escalofríos, el silencio era de siglos, él se bajaba del animal de la mula torda y me bajaba a mí también, comenzaba un ritual sagrado  los dos “masculinamente serios “pasábamos junto a la verja sin mirar mi padre siempre repetía las mis más palabras aquí está tu abuelo y tu tío abuelo que fue fusilado recién terminada la guerra.
  Aquella puerta del cementerio y aquellas palabras de mi padre me acompañaron años en mis pesadillas nocturnas, aun hoy después de medio siglo sigo soñando con los verdugos de mi tío abuelo, hoy soñé con ese camino que a la derecha de la carretera nos llevaba al cementerio, y veo a mi padre secándose las lágrimas como si fueran sudor.
Mi madre quería que yo perdiera el miedo a los muertos y me llevaba al velatorio de los familiares y vecinos que fallecían en aquellos años se velaba a los muertos en la casa donde fallecían eran casas humildes con las paredes cargadas de humedad y la cal se mezclaba con el llanto, el riguroso luto se imponía sobre los llantos y rosarios cantados en voz alta mi abuela odiaba los rosarios y toda la beatería que rodeaba la muerte a ella que le fusilaron a su hermano en la tapia del cementerio, ella no olvido jamás que la iglesia fue cómplice de aquel genocidio, yo me quedaba sentado en el escalón de la casa y esperaba que mi abuela me diera la mano para volver a casa juntos caminábamos en silencio por las calles de la ciudad “perdida” ella me decía lo que decía el poeta que solos se quedan los muertos.
El domingo vísperas del cumple años de mi padre fui al cementerio para estar con el un rato  y observe que las flores y la rama de olivo que deje la última vez en la cuarta planta de calle del sol no estaban,- no estaba el búcaro donde depositarlas flores, pregunte al responsable del cementerio y me dijo que la gente roba las flores de las tumbas y también roban el lugar donde se depositan pensé qué futuro tiene este pueblo embrutecido que roba hasta en el cementerio, que se lleva las flores como botín de guerra.
Pedí permiso al enterrador para coger un poco de romero de la tierra  donde yacen los fusilados de la guerra, en una fosa común junto a la tapia del cementerio, allí crece un romero poderoso tan grande como las esperanzas de los fusilados, y llene la tumba con romero rojo, la de mi padre y la de mis abuelos seguro que mi padre estará contento, seguro que mi abuela será feliz siempre habrá romero rojo para sus almas. 

sábado, 18 de julio de 2026

MIGUEL HERNÁNDEZ    EL CANTO DE LA HIGUERA (2)

 

  Me sorprendió cuando leí a Octavio Paz en ese libro,  LAS PERAS AL OLMO que apenas dedicada unas líneas para  hablar del extraordinario poeta de Orihuela,  me dolió que OCTAVIO apenas le dedicara un folio, para contar lo que fue un encuentro único fantástico,  después  ese mismo año se vieron en MADRID en” ruinas “ en octubre Paris en el Molino ROJO junto a León Felipe y Bertuca junto a Elena Garro que adoraba a MIGUEL, ese encuentro  en octubre de 1937 en Paris ,  Miguel Hernandez recién llegado de la URSS de vuelta a las trincheras  hizo escala en parís donde apenas estuvo unos días, Octavio Paz, y León Felipe no paraban de interrogar a MIGUEL HERNANDEZ  el poeta no abrió la boca, Bertuca la esposa de León Felipe, y Elena Garro la mujer de Octavio Paz increparon a sus maridos, pero los dos poetas no cesaban de increpar a MIGUEL, León Felipe especialmente, no paraba de preguntar una y otra vez “ bueno chico como es aquello ¿Cómo es aquello? Como se vive en la URSS, Elena alzo la voz enfadada “ya está bien dejar tranquilo a Miguel”, Octavio y LEON continuaban preguntando “como es aquello” Elena ahora grito” basta dejarlo en Paz “MIGUEL vuelve a España mañana “es fácil decirlo, pero duro de hacer ninguno de nosotros somos capaces de volver a España, MIGUEL vuelve a la España hambrienta que pierde a sus mejores gentes en el frente, vuelve a la trinchera donde la vida no vale nada.
A si fue MIGUEL HERNANDEZ volvió a Orihuela después de un largo viaje, con varias paradas en ciudades Europeas una de ellas la antes citada en Paris, en la URRS el poeta  durante septiembre de 1937 visito las ciudades de Leningrado, Kiev,  Moscú, Járkov, en octubre de 1937 en su vuelta a España el poeta no era el mismo,  algo similar le paso a otro compañero de viaje de Miguel Hernandez, el extraordinario dramaturgo Cipriano De Rivas  Cherif, que como Miguel también sufrió las cárceles del franquismo, aunque con mejor suerte, Cipriano recorrió  15 cárceles antes de salir 1947 para exiliarse a México para no volver nunca,  falleció en diciembre de 1967 fue enterrado en México en el Panteón Español, Cipriano además de dramaturgo, fue poeta y traductor, un extraordinario compañero de viaje del poeta Miguel Hernandez lastima que no exista información de ese mes que pasaron juntos el poeta y el dramaturgo en la URSS, me quiero imaginar a ambos hablando de poesía y teatro.
Octavio Paz contaba en su libro LAS PERAS DEL OLMO que Miguel Hernández “cantaba con su voz de bajo y su cantar era como si los árboles cantara. Como si un solo árbol, el árbol de una España naciente y milenaria, empezara a cantar de  nuevo sus canciones”  la voz de Miguel era olivo, encina, limonero, naranjo, y sobre todo higuera, la higuera de la calle de San JUAN, dicen que las monjas Clarisas escuchaban a la hora de maitines, la voz del poeta, pero Miguel Hernandez no estaba en Orihuela, el canto emergía entre las hojas de la higuera, ascendía por las laderas  del monte San MIGUEL, se oían los versos del  poeta de aquel Huerto Mio, “ Yo, dios y adán, que lo cultivo y riego”  aquí junto la higuera del huerto pasa la vida, me han contado que en las noche de   luna llena a finales de MARZO  entre las  hojas de la higuera de la casa se escucha un canto “ para la libertad sangro lucho pervivo” también se dice que a finales de OCTUBRE se escuchan los versos “ carne de yugo a nacido más humillada que bella” no se si la voz de MIGUEL HERNANDEZ era de bajo o de tenor, solo sé que era y será por siempre la voz de un pueblo  que  grita dejarme la “ la esperanza”. 

 MIGUEL HERNANDEZ (EL CANTO DE LA HIGUERA)  (1)


Octavio Paz público  en su libro LAS PERAS DEL OLMO  un recuerdo a Miguel Hernandez en un artículo  titulado Recoger esa Voz,   este pequeño homenaje a Miguel escrito en modo de  necrológica, es apenas un folio, en el que hace un esbozo mínimo de sus encuentros con el poeta durante la guerra civil, Octavio PAZ y Miguel Hernandez se conocieron en Valencia en el congreso de intelectuales y artistas  para la defensa de la cultura,  fueron pocos días pero muy intensos, la convivencia que tuvieron los dos poetas esos días de julio de 1937 , años después  en la revista las “ letras “ en México Octavio PAZ escribía MIGUEL HERNANEZ el poeta  que tenía “la cabeza casi rapada y usaba pantalones de pana y  alpargatas” aquella descripción de como vestía el poeta a veces sonaba más que un alago, a un menosprecio, de esas envidias de los mediocres dio buena cuenta Elena Garro en su libro MEMORIAS DE ESPAÑA 1937.

 Juan José Millas maestro de la vida.


Escritura y pánico, magnífico artículo de Millas hoy en la prensa, una te reivindicación al oficio de escribir.
El escritor del  bolígrafo " hay días en que la tinta se desliza con la suavidad de la Seda"
Si Jesucristo me dijera, en vez de "deja lo todo y sígueme" " abandona el bolígrafo y sígueme" no dudaría un instante en ir tras el porque alguien que conoce la importancia de un bolígrafo tiene que ser por fuerza el hijo de Dios 

 18 de julio 90 años de un genocidio " hoy todos juntos" 


Desde el huerto de Plauto,  memoria de una guerra interminable.


Mi padre iba a cumplir sus Nueve añitos ya era carne de yugo según me contaba el, en las madrugadas de Julio recogía garbanzos junto a mí abuelo José en las "ombrias" de la casa Peralta en la parte mas humedad de la loma,  cerca del camino San Antonio en el camino de Úbeda a Baeza recogér garbanzos era un trabajo durísimo , ese maldito día 18 de Julio de 1936 era sábado como hoy 90 años después, mi madre me decía que aquel día en el campo estaba desierto, a lo lejos mi padre  decía que oía las campanas de San Antonio camino de San Ignacio cerca de la plaza de toros de Baeza el le pregunto a su" padre que pasa, porqué tocan las campanas" mi padre caminaba junto asus dos hermanos mayores" y mí abuelo José solo dijo dos palabras" hoy todos juntos".
90 años después de ese genocidio, mi memoria me lleva a las palabras de mi padre que el repitió cada vez que durante su vida surgía un problema familiar.
Hoy en el huerto de Plauto no había nadie, yo recogía los primeros pimientos los tomates maduros rojos y dos sandías, hoy no me consolaba el fruto que tantas veces me emociona, recoger el fruto de la cosecha del huerto de verano, hoy no tenía consuelo toque la tierra con mis manos estaba caliente como un volcán, mire una planta de berenjenas que está semana no aguanto el fuego del cambio climático, los tomates quemados en la planta, hoy es un día triste muy triste en el huerto de Plauto yo tengo las emociones a flor de piel en mi memoria están las campanas de San Antonio, y las palabras de mi abuelo reverberando en mi casa hoy más que nunca todos" juntos".
Juntos Antonio Machado, Federico García Lorca, Miguel Hernández y tod@s los qué amamos la vida y odiamos el fascismo, hoy todos Juntos. 

viernes, 17 de julio de 2026

 El estadio de Orihuela 


A mí parecer debería llamarse Camo de fútbol Miguel Hernández.
En tiempo de fútbol, Miguel Hernández, el poeta que también jugó al fútbol
Tengo mis dudas no sé si alguien me puede sacar de ellas, si sabe en qué posición jugaba Miguel Hernández si de lateral derecho que entonces era un 2 o si de extremo derecho que era un 7, creo que el Barbacha como así apodaban a Miguel Hernández jugaba de lateral derecho, de todas formas quiero reconocer aquí la gran afición que en la ciudad de Orihuela existía por el fútbol en mi época de semi amateur juge en ese campo, y me pareció glorioso el estadio de los Arcos bajo mi punto de vista debería llamarse Estadio Miguel Hernández.
Antes de ser el poeta del "rayo que no cesa", Miguel Hernández fue extremo de "La Repartiora", un equipo amateur que él mismo organizó en Orihuela. Sus compañeros lo apodaban "el Barbacha" (caracol pequeño), y el equipo se enfrentaba a otros conjuntos locales en el campo de Los Andenes.
En 1931, tras la muerte de Lolo, portero del Orihuela fallecido en un lance de juego, Hernández le dedicó la "Elegía al guardameta": una elegía funeral que convierte una estirada bajo palos en tragedia clásica. El poema arranca así:
"Tu grillo, por tus labios promotores, / de plata compostura, / árbitro, domador de jugadores..."
Un matiz documental: en la realidad, Lolo no murió; el golpe se resolvió con unos puntos de sutura. Hernández construyó la ficción poética a partir de una fotografía del instante de la estirada.
Aquí os dejo una foto de la Repartiora que así se llamaba el equipo de Miguel Hernández no conozco porque se puso ese nombre se lo pregunté en su día a mí amigo Ramón Pérez Álvarez y me confesó que le interesaba poco el fútbol, desconocía el nombre del equipo, porque la Repartiora.