Las Cuevas del Canelobre.
Con la memoria de mi abuelo
Madrugamos hoy nos espera un día especial, hace años qué teníamos pendiente está cita, se lo prometí a mi abuelo, el me contaba muchas de sus peripecias dolorosas, de la guerra civil, pero en este lugar que hoy vamos a visitar el fue feliz me decía que fue uno de los pocos momentos que recordaba con benevolencia.
El día era ventoso, huracanado la primera parada en la Safor para tomar un café nos anuncia un día duro de Febrero, " febrerillo Loco" llegamos a Busot a la hora concretada con el guía que parecía un poco contrariado por el día, después de pedirnos disculpas porque compartiríamos recorrido por la gruta con un pequeño grupo de ingleses, y que por tanto las explicaciones del lugar, serían un poco más largas, al tenerlo que hacerlo en los dos idiomas, el viento soplaba huracanado, en las faldas Cabezo de Orr, a las puertas de la entrada a la gruta, está cueva descubierta, y habitada por los árabes en el 740 aproximadamente, y que durante la guerra civil fue utilizada como taller según me contó mi abuelo y que el guía me corroboro, me sorprendió ver carteles de conciertos dentro del lugar, por lo que pensé que el lugar sería amplio, recordé a mí abuelo que me contaba que la entrada la abrieron a base de barrenos y mucho pico y pala, tardaron a penas un mes un túnel de casi 45 metros que da acceso al lugar, y que hoy sigue siendo la entrada de la cueva sentí una doble emoción al atravesar el túnel, es un lugar fantástico y hacerlo con la memoria de mi abuelo Lucas, ir de la mano de el, que aunque ya no está no lo olvidaré jamás, este lugar del que tantas veces me habló, este lugar, de 200 millones de años.
Entrar en una catedral de la naturaleza con una altura de 70 metros, un lugar lleno de fantasía donde los milicianos hicieron un taller para reparar motores de un avión " el mosca" que a si se le denominaba a este pequeño avión Ruso, montar casi una pequeña fábrica delante de este candelabro de piedra que preside está gruta fantástica, un lugar que sigue explorando se por la gran dimensión que tiene, recorrer sus galerías es un placer para los sentidos, revivir la historia que me contó mi abuelo tener su memoria cercana, estos días me agranda la vida, mí abuelo se fue voluntario a la guerra tenía plena conciencia de lo que hacía, dejó a su mujer y tres hijos, abandonó su Baeza querida, se fue a luchar contra unos golpistas que se levantaron en armas.
Hoy recuerdo a mí abuelo, y casi me alegro de que no esté ya con nosotros, no se cómo llevaría el estos tiempos, dónde el fascismo contra el que lucho el se vuelve a revindicar, en fin que locura, yo me quedo con su memoria, con este lugar fantástico la cueva del Canelobre que hoy en este día huracanado nos acoge en sus entrañas.