Prioridad "Nazional"
Reproduzco este magnífico artículo de hace dos años de el magnífico escritor, buen amigo Jose Luis Ferris escuchando estos días las palabras Prioridad Nacional me entran escalofríos decía el bueno de Ferris hablando del poeta Miguel Hernández ante la actitud del alcalde de Madrid con respecto a la censura casi prohibición de Miguel Hernández por el ayuntamiento de Madrid, por aquel entonces aparecieron unas pintadas en la ciudad que decían Miguel Hernández terroristas José Luis denunciaba esos hechos y decía " Que está pasando, que capítulo nos hemos perdido para acabar en el pasado"
Hoy e visto como los políticos de derecha y de extrema derecha han aprobado unos presupuestos bajo el paraguas de la "Prioridad Nazional" dentro de apenas un mes se cumplen 90 años del asesinato de Federico García Lorca que todavía permanece en una fosa común junto con miles de españoles más, yo me preguntó que está pasando, como hemos acabado en el pasado la prioridad nacional que torturó y fusiló al poeta de la paz, la prioridad urgente de Queipo de llano en asesinar a Federico García Lorca hace ahora
Apenas 90 años, la prioridad nacional que ahora aprueban políticos sin escrúpulos, esa que dejará durante ni se sabe de años más a nuestro poeta, y a miles de fusilados en la posguerra, esa prioridad racista vergonzante, que gobierna la comunidad valenciana, ? Que nos ha pasado que capítulo de la memoria nos hemos perdido indignado os dejo aquí este artículo de José Luis Ferris con la memoria de Miguel Hernández, Federico García Lorca, y Antonio Machado.
Amigas y amigos,
hay heridas que provocan torrentes de luz, caminos luminosos.
Todo consiste en saber que quien desprecia la memoria, desprecia la vida, quien aniquila impunemente el pasado, coloca explosivos en el mar, en todas las esquinas del futuro.
Fue tan largo el silencio, tan oficial y corrosiva la desmemoria, que cuando este país despertó, descubrimos que la luz también era nuestra, y la risa, y los labios sin culpa, y los versos de un poeta que murió en una cárcel sin perder la esperanza.
Nos robaron su historia.
Su vida se apagó en el Reformatorio de Adultos de Alicante el sábado 28 de marzo de 1942. Eran las 5,30 de la mañana.
Pasaron décadas sin él –muerto el poeta, se acabó el peligro, se acabó el pensamiento, la canción, la vida–. Prohibieron su nombre, sus poemas, sus libros, su historia arrebatada. En el nicho 1.009 germinó durante años un fecundo silencio, un olvido en acecho.
Pero la vida asomó por las rancias costuras de un país que acabó despertando.
Cuando murió el dictador, las “Nanas de la cebolla” y “El niño yuntero” volvieron a nacer. Regresaron y se expandieron. Descubrimos la obra y la aventura desdichada de un escritor que nos habían robado de la memoria.
Hace tres años, para vergüenza de un tiempo y de un país, la vileza regresó: la vileza contra unos versos y contra un poeta. Ochenta años después, en el cementerio madrileño de La Almudena –la ciudad donde, sin la menor garantía jurídica, se le condenó a la pena de muerte en 1940–, se retiraban los versos de Miguel Hernández por orden del Consistorio presidido por el popular Jose Luis Martínez-Almeida, prohibiendo de nuevo a un autor vapuleado ya bastante por los tristes abanderados del ultraje. Hace unos días, varias calles de Alicante –la localidad en la que reposan sus huesos– amanecieron con pintadas tan vomitivas como descerebradas: “Miguel Hernández, terrorista”.
¿Qué está pasando? ¿Qué capítulo nos hemos perdido para vernos de nuevo en el pasado? ¿Otra vez la obscena ceremonia de la venganza? ¿Cómo entender ahora, tan lejos de ese tiempo abyecto, innoble, encarnizado, que hayan vuelto, a cara destapada, los matones de siempre con la ignorancia de entonces, con semejante impiedad e impunidad?
Como denunciaba hace unos días Antonio Muñoz Molina, “los gases de la vileza ya han invadido sin remedio la vida pública española”. Un rasgo de esa invasión es la repetición metódica de la injuria, del insulto y la mentira. La vemos en paredes, en pancartas y hasta proclamadas en público por líderes políticos inyectados en odio.
Si alguien es capaz de llamar terrorista a un pastor de Orihuela que escribía versos en nombre de la libertad –esa palabra que algunos utilizan como eslogan para deshonrarla sin pudor– es que el tiempo de los energúmenos ya no es solo una amenaza. Se empieza por banalizar el ultraje a un poeta y se acaba por prohibir sus palabras –como las de Virginia Woolf, Xavier Bobés o Lope de Vega– en todas las escuelas del país.
Creíamos que Miguel Hernández era ya un poeta necesario y que volver a sus versos y a su vida suponía, en cierto modo, regresar a nosotros mismos, al lugar exacto de nuestra conciencia y de nuestra memoria. Eso creíamos. Pero algo serio está pasando y la palabra libertad anda asustada, asustada y en alerta como entonces.