Llueve en el huerto de Plauto
" tras una mínima tormenta. algo es algo"
El verano este año, en mi país pequeño, está siendo muy particular, para mí muy bueno, llevo dos sábados con unas lluvias fantásticas, mágicas cada sabado llegan las magas de la lluvia y nos visitan.
En la península de casas vacías, el extraordinario libro de mi paisano David Ucles, pasaban cosas como en mí huerto de Plauto, en Jandula en 1936 llovió todo un mes desde finales de junio hasta el 18 de julio, el día que comenzó la guerra más terrible qué a tenido la península Ibérica, el exterminio premeditado del golpistas Francisco Franco qué sembró los campos de odio y sangre, " las tórtolas de sal" que llegaron a Jandula con vientos de sangre, la realidad se hizo mágica, bajo el imperio del odio, ya no llovió más en Jandula, la sequedad dio paso a 40 años de hambre, le contaba yo esto esta mañana a mi padre, que sentado junto a Plauto bajo la morera azul, los dos hablaban de los veranos en el melonar de Peri,
ambos desnudos disfrutaban del agua que corría por sus cuerpos de sabios, sus pies regaban la hierbaluisa, del huerto del terapeuta , el planeta sigue en guerra, Gaza, Ucrania, la guerra del hambre que año tras año continúan, a pesar de los donativos que ambos ponen en una hucha de arcilla, y que recogen cada diciembre por pascua unos tiernos negritos mofletudos, acompañados de unos señores rubios blancos muy blancos.
Hoy 13 de julio llovía a mares en el huerto de Plauto yo no quise interrumpir la conversación de los sabios y me puse a labrar, desnudó sintiendo el agua caer desdé mi cabeza a mis raíces, hablaba con la berenjena que dejó esquelética la malvada Calabaza, reconozco que la salve de milagro in extremis porque una enorme trompeta amarilla ya engullía a la noble berenjena blanca, pude salvar algunos tallos de aquellas garras no sin llevarme yo también algún mordisco, hoy bajo está lluvia torrencial, este mar de agua he ido a la compostera y ya no está el inmenso cadáver verde que yo deposite, no se que esta pasando espero que la península esté en pie de paz siempre, y que este regalo de agua, lluvia mansa de Verano casi milagrosa que da de beber a todos los duendes del huerto de Plauto, agua dulce que sacia la sed de un planeta en guerra.