Joselito el de los "Mandaos"
Hoy he madrugo para ir al huerto, por cierto no he visto a Plauto, los dramaturgos ya sabéis son noctámbulos, con este calor las neuronas de la comedia se van de vacaciones, en estos momentos la polarización permite poca comedia, incluso los jueces "justos" y la polícia cumplidora le han dado por meter en el calabozo en Salamanca a un cómico, supongo que por hacer reir es cosa de locos, no es raro por tanto que Plauto haya desaparecido.
Hoy decidí darme un baño en la piscina municipal a ver si así consigo equilibrar mis neuronas, normalmente suelo irme provisto de la prensa o de algún libro pero hoy por no llevar no llevaba ni toalla, me ampare en una toalla de la costa Brava y en un libro de Elvira Lindo que se quedó extraviado en el maletero, el bañó la verdad me sentó muy bien, tumbado en la toalla casi con los ojos cerrados quizás dormido, escuché a mi lado la voz de un chico con acento argentino, " voy yo, hago muy bien los mandaos" esa palabra mandados me llevo directamente a mí infancia yo era Joselito el mandaero, durante toda mi infancia mi madre confiaba en mí, yo era el encargado de tal trabajo recuerdo que muchas veces lo hice a regaña dientes, aunque nací para "obedecer" nunca me gustó hacer las cosas cuando querían los demás pero a mí madre si, a ella en toda su vida, nunca le di un no por repuesta a una madre no se le debe decir no nunca, mi madre me mandaba para cosas práctica, no para recados ella decía que yo no servía para los recados, ella decía que tenía mucha imaginación que me inventaba demasiada cosas, que mis recados eran poco creíbles, sin embargo los mandaos eran lo mío, por larga que fuera la tarea nunca me faltaba nada mi madre no sabía ni leer ni escribir, ella me daba un papel estraza y el único lápiz que teníamos en casa, me decía Joselito escribe que más vale un " lápiz largo que una memoria corta" ella no sabía leer ni escribir pero nunca olvidaba nada, hoy leyendo a Elvira Lindo en la piscina me acordé de mí madre, ella no pudo leer nunca ningún libro, ella hubiese sido una lectora empedernida estoy seguro, como yo era un buen mandaero, que buena la vida, que bueno los sentidos que, apenas con escuchar una palabra te puede llevar a la infancia, a mí madre, a un tiempo pasado, que será memoria perenne en mi vida
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