Teruel, mí amor.
Mudéjar para soñar.
Volvemos siempre a sentir la fría serenidad de una ciudad que enamora, la ciudad nos abre las puertas en una mañana primaveral de febrero, la dulce brisa se derrama por el silenció del Mudéjar patrimonio de la humanidad, los 25 metros de la torre de San Pedro levantan su cabeza a un cielo azul, a un sol de la "infancia" la luz pasea por el Andino que como un anillo rodea la piel del Mudéjar perfecto.
Hoy estamos en Mediavales en la ciudad perdida, volvemos en el tiempo y las capas se pasean por la baja edad Media, paseamos como antiguos escríbanos, buscando una piel, un pergamino donde escribir tu nombre Teruel, para hablar de Isabel de Segura, de un beso húmedo, huérfano, un beso perdido que Juan Diego busco en el Sur, en las Navas de Tolosa, donde su espada lloro de ausencia, morir de amor o por amor, juntos para cumplir una promesa que hicieron eterna, ahora escribo con humo, tu nombre Teruel Ciudad de los amantes, y mia también, mí amor por tí existe y será eterno como el mudéjar que nos amparan está tardé primaveral de febrero.
Teruel, mí amor.
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Mudéjar para soñar.
Volvemos siempre a sentir la fría serenidad de una ciudad que enamora, la ciudad nos abre las puertas en una mañana primaveral de febrero, la dulce brisa se derrama por el silenció del Mudéjar patrimonio de la humanidad, los 25 metros de la torre de San Pedro levantan su cabeza a un cielo azul, a un sol de la "infancia" la luz pasea por el Andino que como un anillo rodea la piel del Mudéjar perfecto.
Hoy estamos en Mediavales en la ciudad perdida, volvemos en el tiempo y las capas se pasean por la baja edad Media, paseamos como antiguos escríbanos, buscando una piel, un pergamino donde escribir tu nombre Teruel, para hablar de Isabel de Segura, de un beso húmedo, huérfano, un beso perdido que Juan Diego busco en el Sur, en las Navas de Tolosa, donde su espada lloro de ausencia, morir de amor o por amor, juntos para cumplir una promesa que hicieron eterna, ahora escribo con humo, tu nombre Teruel Ciudad de los amantes, y mía también, mí amor por tí existe y será eterno como el mudéjar que nos amparan está tardé primaveral de febrero.
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