Sábado de Gloria con Miguel Hernández.
28 de Marzo 2026 Miguel Hernández se cumplen 84 años de la muerte del poeta del Sacrificio Miguel Hernández este año coincide como hace 84 años con el sábado de pasión el día que dejaron morir al poeta de Orihuela en la cárcel de Alicante lo amortajo Ramón Perez Álvarez el joven anarquistas extraordinario Hernandiano tan olvidado inexplicablemente para mí a pesar de que su testimonio fue vital y su comportamiento ejemplar como otros compañeros de cárcel del poeta que también han caído en el olvido, Ramón compartía cárcel con su paisano el poeta Miguel Hernández, Ramón que era 8 años más joven murió en 1998, era una persona extraordinaria, autodidactas como Miguel, como Eusebio de Oca le hizo aquel dibujos semi clandestino, el me contaba con lágrimas en los ojos como fueron aquellos últimos días de Marzo en la cárcel de Alicante , aquella situación le marco de por vida, aquel sábado de Gloria quedo para la historia más triste de este paisde el día que dejaron morir al poeta Miguel Hernández, en plena Semana Santa debe recordarse como al poeta lo murieron, lo dejaron morir de la forma más inhumana, quiero recordar hoy sábado de Gloria, como aquel sábado de 1942, a sus compañeros de Cárcel, y a todos los hernandianos que siguen recordando cada 28 de Marzo, al hijo de la luz, aqui os dejo un esbozó de la vida del poeta sacadas de mis recuerdos y de mis lecturas especialmente a las biografías de José Jose Luis Ferris al que agradezco todo su trabajo fantástico, tanto en las biografías como en la catedral que el dirige.
Miguel Hernández pasó por 13 cárceles vejatorias.
En Palencia lo dejó tocado una neumonía, en la cárcel de Ocaña se cebó con él una bronquitis, cuando llego al reformatorio de adultos de Alicante ahí ya le estaba esperando el tifus y por último la tuberculosis. Ya no le entraban más enfermedades en el cuerpo y por mucho que rogaba que lo trasladaran al hospital de tuberculosos de Valencia se lo negaban y lo utilizaron como chantaje, si quería ser tratado en Valencia antes tenía que firmar un documento por el que prohibía la edición en España y América de su obra "Vientos del pueblo"... Miguel Hernández se negó.
Hace dos años, el desalmado alcalde de Madrid fue cómplice de la demolición a martillazos las lápidas con los versos de este grandísimo poeta que estaban instaladas en el cementerio de la Almudena. No se ha enterado el fascismo que no ha nacido quien pueda silenciar la poesía a base de martillazos. Miguel Hernández no se doblegó.
Miguel Hernández se casó dos veces. Sabiéndose en sus últimas horas le hizo llegar un mensaje a su mujer para que acudiera a la cárcel a casarse por la iglesia. Josefina contó que notó que algo raro pasaba porque ya estaban casados desde hacía 5 años y lo que pasaba es que el matrimonio civil, según nuevas órdenes fascistas de la dictadura, ya no era válido. Miguel Hernández, que se moría a chorros, pensó pues todos los derechos de lo que había escrito, que era lo único que les podía dejar a Josefina y a Manolillo, se perderían. Manolillo era su hijo, el niño de las nanas de la cebolla
La boda religiosa se celebró en la cárcel y esa fue de las últimas veces que Josefina vio a su marido. 27 de marzo, viernes de Dolores para los católicos. Josefina volvía a visitar a Miguel en la cárcel sin Manolillo y el Poeta entre lágrimas le decía: "lo tenías que haber traído, lo tenías que haber traído”. A las 5:30 de la madrugada del 28 de marzo de 1942 murió Miguel Hernández. Sábado de pasión, en sus últimas horas de vida no lo quisieron atender ni médicos ni enfermeros porque no soportaban el mal olor de la muerte.
Los compañeros encarcelados lo metieron en una caja hecha con cuatro tablas, un féretro de caridad. Lo subieron a un carro de caballos y 5 personas formaron el cortejo camino del cementerio.
El siguiente guantazo que dieron las autoridades fascistas fue la prohibición de celebrar velatorio en el depósito del cementerio y la razón era tremenda; en 1942 se fusilaba en los muros del cementerio y, claro, no permitían que hubiera testigos así que tuvieron que volver por la mañana.
Antes de enterrarlo el día 29, a las diez de la mañana, abrieron la caja para verlo por expreso deseo de la familia y los amigos presentes y observaron que tenía los ojos abiertos, los dientes color Azafrán y el cuerpo esquelético. Y con los ojos abiertos fue enterrado, se negaba a dejar de mirar, y nadie consiguió cerrárselos. Eusebio de Oca, minusválido y maestro, le hizo el famoso dibujo en el sótano, amortajado y con los ojos abiertos.
En el nicho 1009, en la primera fila a ras de suelo, lo enterraron como a un cura, con los pies por delante. Solo a los curas se les enterraba así para tener la cabeza lo más próxima a la cruz… estaban introduciendo el féretro de Miguel Hernández en el nicho cuando el hermano de Ramón Sijé gritaba”¡Así Noooo!” “¡Qué lo estáis metiendo por los pies!” … Lo que se estaría riendo Miguel con la escena… Miguel no hubiera querido cruz en la lápida pero se la pusieron por el artículo 33 del franquismo.
Josefina Manresa ni siquiera tenía dinero para una lápida y fue un amigo, el pintor Miguel Abad, el que se gastó 700 pesetas en una lápida en la que solo ponía Miguel Hernández poeta.
Cuando Vicente Aleixandre visitó el nicho 1099 dejó la nota, decía:
tú el puro y verdadero tú,
el más real de todos, tú
el no desaparecido.
Faltaban más desgracias para Josefina Manresa porque en 1984 murió Manuel, su único hijo. Ya estábamos en democracia y el ayuntamiento de Alicante, que durante la dictadura no había parado de ofender constantemente la memoria de Miguel Hernández(lo mismo que hace ahora el alcalde de Madrid, Martínez el de los martillazos) quería que no se tocara el nicho del poeta y ofreció otro nicho para el hijo. Josefina Manresa dijo que de eso nada, que su hijo tenía que estar con su padre... la familia terminó de reunirse en 1987 cuándo murió Josefina Manresa. Se preparó una magnífica tumba para el más grande de los poetas que ha dado este país. Junto a la tumba un buzón...y allí dice:
Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré…
Eterno Miguel Hernández, el poeta del pueblo, que nunca cerró los ojos.
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