miércoles, 2 de abril de 2025

 

El taller de la infancia
 
 
Hacía tiempo que tenía cerrado el taller pictórico de mi infancia, hace muchos años que comencé a pintar,fui de muy niño a la escuela de arte de Baeza, junto a mí hermano Lucas, mi madre recuerdo era la mujer de la limpieza de la escuela, fue muy poco tiempo el que estuve apenas un año, migramos en 1973
 
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Ayer en una tarde muy lluviosa volví a pasar por la puerta de la escuela de arte, los recuerdos me calaron el alma el cuerpo ya lo tenia empapado, al llegar a casa me di una ducha de agua caliente, y volví a recordar mi precaria infancia, hasta los 15 años y ya en Valencia no me duche con agua caliente en mi casa de Baeza teníamos un barreño, y un lebrillo en la cuadra para asearnos, una orza en el corral para hacer nuestras necesidades ese era nuestro cuarto de bañó, hoy he valorado los cambios de mí vida con una ducha consciente, y he vuelto abrir mi taller, con la lluvia en los cristales y una neblina en la calle, una tarde poetice de lluvia fina y neblina.
Cerré el cuaderno y abrí la caja de pinceles, para volver a la infancia, hace unos años un buen amigo me dijo que mis cuadros eran muy infantiles y eso para mí fue un gran elogio, cada vez qué mis manos abren el taller pictórico vuelvo a mi infancia y ese es mi territorio mágico, el tiempo se llena de fantasía y mientras oigo el murmullo de la lluvia al caer, me pierdo en los colores y mí mundo gira entre los recuerdos y la magia, es buena la vida, las alamedas del tren de la Yedra siguen abiertas.

viernes, 28 de marzo de 2025

 

Elogio de las manos.
Jesús Carrasco 
 
Los libros nos agrandan la vida.
 
 
Estos días de lluvia en el Sur me venían muy bien para poder hacer algunas chapuzas que necesita mi casa del Sur, y digo me venían porque, me traje en mi mochila el último libro de Jesús Carrasco para leerlo con calma, algo que me falta a mí siempre un poco de sosiego, soy un ansioso diagnosticado, tengo en mis jenes las tres i, impaciente, impulsivo, indeciso, también soy ansioso por naturaleza, en fin las lecturas forman parte de mi terapia.
Hace algunos años entro en mi vida un gran escritor Jesús Carrasco, sus libros Intemperie, y Llevarme a casa los devore, algo que tampoco es bueno para mi Ansiedad tengo que leer con más sosiego dice mi psicólogo, disfrutar con la lectura pero yo no puedo si me gusta un libro me " atacó " y hasta que no lo terminó no me quedo tranquilo, algo que no me beneficia en nada porque, cuándo termino un libro muy bueno, me veo en la necesidad urgente de iniciar una nueva lectura que me atraiga, y hoyen mi opinión es difícil encontrar libros buenos, se publica muchísimo, se atropellan las novelas, los libros salen como churros, pero hay mucha mediocridad, o a lo mejor es que yo soy muy critico con lo que se publica.
Este libro que ha publicado Jesús parece que lo hiciera para mí, y para mí casa del Sur es un libro en el qué se refleja mi vida y creo la de muchas personas que nos hemos ganado el pan con el sudor de la frente, con el trabajo de nuestras manos, como os decía me lo he leído en dos días, reconozco qué la lluvia bendita del Sur me tiene encerrado en casa y eso facilita la lectura, no voy a destripar el libro como os decía mi vida está en esas páginas, empecé a subrayar los renglones y al final me di cuenta que todo el libro tiene un trazo de lápiz debajo de cada palabra.
Después de leerlo me he atacado por las mil chapuzas que tengo que hacer en está casa, cada vez que vengo al Sur a mi casa le hace falta un arreglo, hoy y siguiendo las indicaciones de Jesús Carrasco hice una lista de reparaciones por cierto que la lista es interminable, y el agua de la lluvia a añadido goteras, y humedades, he comenzado por la que creía más fácil, arreglar el grifo de la cocina que ha puesto a prueba de una manera severa mi ansiedad.
El trabajo con las manos es reconfortante, yo lo hecho de menos desde que me jubile no lo practico y eso a empeorado mi salud mental y física.
El último libro de Jesús Carrasco es una metáfora de la vida, de lo qué significa una casa y la satisfacción qué da el trabajo hecho con las manos aunque sea de un manera imperfecta, este libro está cargado de humildad de sencillez y de pasión por la vida, con una carga de humanidad que no te pasará desapercibido como todo lo qué escribe Jesús Carrasco,os recomiendo el Elogio de las manos seguro que os veis reflejados en algún pasaje de la novela.
Por cierto que aquí estoy con mis manos y de manera precaria, luchando contra la bendita lluvia que me abierto una gotera en un lugar de esta casa del Sur que tanto me da, no cabe duda que el trabajo manual y la lectura nos agranda la vida.
Posdata....y la lluvia bendita del Sur que tan feliz me hace.

martes, 25 de marzo de 2025

 

Yo, Clarita
Las raíces de Clara Campoamor.
 
 
 
 
Hacía más de un mes que no asistía al teatro, soy un buen aficionado al mundo de la escena y dentro de mis hábitos para mí crecimiento interior está el teatro.
El teatro para mí es una terapia, en mis años en el internado, "el campo de concentración" donde me pase seis años de mí infancia de los ocho a los 14 años, allí fue la primera vez qué descubrí el teatro, un cura progre se atrevió a montar con un pequeño grupo de alumnos un taller de teatro, yo no estaba por la labor, me negaba a todo estaba en ese internado en contra de mi voluntad, mi única manera de resistencia era negarme a todo, fui obligado, en el internado era todo a la fuerza , con diez años me vi por primera vez subido en una tarima, el cura nos hizo un casting uno por uno, el sacerdote nos preguntaba que sabíamos hacer,- yo le dije que nada, el me dijo canta algo, entonces me pareció escuchar la voz de mi madre que era lo que más echó de menos, de su boca salía ojos verdes que cantaba la valenciana Concha Piquer, yo cante el estribillo ojos verdes, verdes como la albahaca.
Ayer sentado en una silla, en el teatro Patraix viendo, la representación de la obra Yo Clarita escuché la voz de mi madre, en el escenario estaba mi madre cosiendo y cantando, junto a mí tía Clara.
La voz humana es una de las maravillas más extraordinarias que poseemos, cuantos años nos hemos pasado buscando la voz de Federico García Lorca y no la encontramos.
La madre de Clara Campoamor María Pilar costurera canta como los ángeles, ayer me emocioné escuchándola, no quiero contar demasiados detalles de la obra porque lo que me gustaría es que fuerais a verla, veréis la vida de Clara Campoamor sus vivencias desde la infancia hasta la madurez llegando al momento clave, cuándo se logro en octubre de 1931 el voto de la mujer, en un discurso apasionado con Victoria Kent, el espectáculo tiene un ritmo muy brillante, y las actrices lo bordan desde Arantzazu Pastor, a Antonia Bueno, y la brillante actuación de Pilar Rochina, el texto es de la fantástica dramaturga Antonia Bueno, que fue precisamente también la autora de la última obra qué vimos los Arcángeles, también dimos cuenta aquí de ese fantástico montaje teatral.
Agradecer a todo el equipo del espectáculo Yo Clarita por un trabajó perfecto, gracias por qué una vez más el teatro lleno de emociones mi mundo,  agrandó una vez más mi vida, gracias por tanta ternura y por traerme la voz de mí madre.
Qué resuena todos los días en mis oídos, gracias al teatro que es una de las imprescindibles.

lunes, 17 de marzo de 2025

 

Tiempo de Madre
 
 
Madre como llegar
a ti, se que estas
sola con la fiebre.
 
Los lentos ojos
de esta noche de marzo,
me hablan de tu soledad.
 
El viento me trae
 noticias
de ti,
de tus charlas
con la muerte.
 
Esa enamorada
muerte,que asedia
tu corazon,de amapola.
 
La fiebre ataca
tu carne herida,
corteja
 tus escasos deseos
de vida.
 
Se que resistes,
como siempre
lo hiciste.
por nosotros.
 
Esta tarde de marzo

víspera de tu aniversario,
te mando un cesto
de versos frescos,
 para que curen
tus heridas.
 
Estas palabras
mezcladas con memoria
infantil, un arco iris
que recogí en el Sur
en un cielo de rio.

Una capacha de besos,
un trino de pájaros
libres, una copla
de lavandera
para alejar
tus miedos.
 
 
Un cesto de recuerdos,
y este poema a la fiebre,
con ráfagas de lluvia,
para que sea suave
contigo.

Ahora desde el brocal
de la ausencia, busco
una palabra tuya, 
 

la claridad de tus ojos
para ahogar mis naufragios.

martes, 11 de marzo de 2025

 

Guadalquivir  ( con mi madre)
 
                                   Promesa cumplida
 
 
La semana qué viene hace siete años qué mi madre se fue a las orillas del Guadalquivir, se marchó la maestra de las flores el mismo día que ella nació, ese dato ya era un presagio, se marcho el día de su cumpleaños por que así lo quiso ella, nos dejó para no faltarnos nunca el 19 de Marzo, el día de mi santo    
En los últimos años este cuidador inexperto le contaba cuentos a mi madre,  ella no sabía leer, pero no le faltaban mis relatos, mí lectura, a menudo cuando yo le contaba una historia, ella me interrumpía y me decía te acuerdas Joselito, cuando bajábamos al Puente del Obispo de la mano de tu hermano para bañarnos en el río, si mamá le decía yo, entonces me inventaba una historia qué le gustaba mucho,le contaba historias de bandoleros, de Maquis, le hablaba de la guerra civil, historia qué a mí me contaron de niño, también le contaba, de cuando mi padre cruzaba el Guadalquivir camino del cortijo del Pelotoso, el con las mulas, los capachos, las varas de varear, que mi padre llevaba atadas, a la albarda de la mula torda, parecía un guerrero de Magina, yo me inventaba historias donde las aguas del Guadalquivir estaban muy presente, ella  contaban cuando en la guerra civil toda la familia cruzaban el puente de las indulgencias que así denominaba mi amigo Juande Valverde en su magnífico libro, una novela histórica fantástica que he releído estos días, el puente del obispo donde en verano nos bañamos mi hermano y yo.
 
También mi madre recordaba la primera vez que fuimos al nacimiento del río Guadalquivir en la sierra de Cazorla,  un día de Marzo, dónde aún quedaban rastros de nieve del último invierno, subimos para ver el ilito de agua que se derramaba, para ver el nacimiento del rio de nuestras vidas, la recuerdo muy emocionada.
 
 Mi madre se inventaba historias del río qué le dio la vida, y  yo seguía su juego y hablaba por la boca del poeta, siciliano Estesicoro, que hablo de este río como el río Tartesos, recuerdo ver a ella muy seria cuándo yo le hablaba de Tartesos, - ella  decía Joselito háblame para que te entienda, no te inventé palabrejas, un día le prometí que la llevaría conmigo a la desembocadura del Guadalquivir a Sanlucas de Barrameda, eso le hizo mucha ilusión, cuándo en los días dolorosos de los últimos años de su vida me decía muy seria Joselito yo me quiero morir, yo le replicaba " no te puedes morir tenemos que ir a Sanlucas a ver el Guadalquivir, entonces cambiaba su dolor por la esperanza de un viaje soñado.
 
Iremos juntos le decía a Cádiz a ver donde el rio se fundía con el mar. Yo tampoco había ido nunca a Sanlucas de Barrameda.
 
 Este mes de marzo por fin cumplí la promesa, junto con la memoria de mí madre con toda su vida presenté, camine por la playa de Bonanza donde desemboca el Guadalquivir, paseé por las marismas con un fuerte temporal de lluvia que empapaba mis recuerdos, nada me hizo tan feliz que cumplir la promesa que le hice a mi madre, a ella cada vez qué la veía bajita de ánimo, le recordaba que tensamos que viajar juntos a la desembocadura del Guadalquivir.
 
Hoy la veo junto a mi degustando un pescaíto frito en el restaurante Joselito Huerta, un lugar encantador de Sanlucas de Barrameda, a su dueño Joselito,  le contaba yo está historia en los postres, el bueno de Don José se alejo y apareció con dos copas y una botella de manzanilla Barbadilla, juntos brindamos por las madres este sábado 8 de marzo nos emocionamos nos dimos un abrazo, y volvimos a brindar por nuestro encuentro.
No olvidaré jamás, mi primera visita con mí madre a Sanlucas de Barrameda,  la desembocadura del río de nuestras vidas el Guadalquivir.

lunes, 3 de marzo de 2025

 

700 artículos en el Blogspot.
 
 
Con motivo de cumplir 700 artículos en el blog

 
Os regalamos este artículo dedicado a la amistad de dos valencianos ilustres, 
Miguel Hernández y Ricardo Muñoz Suay
 
MIGUEL HERNÁNDEZ VALENCIA JULIO 1937
 
 
RICARDO MUÑOZ SUAY MEMORIA DE UNA AMISTAD
 
 
Miguel Hernández asistió al II congreso Internacional de escritores para la defensa de la cultura celebrado en Valencia del 4 al 17 de julio de 1937.
Hernández participo en ese congreso, y sobre todo se interesó por conocer los movimientos culturales, de otros países, Chile, México, al congreso asistieron intelectuales de todo el mundo y era una ocasión única para intercambiar inquietudes culturales, el país estaba en guerra, una guerra civil, donde uno de los primeros asesinados fue Federico García Lorca, aquel asesinato dejo conmocionado al mundo entero, después de un año de su asesinato en Granada en su Granada. La figura de Lorca seguía presente, fue tan terrible el final del poeta, su tortura y asesinato por el bando Fascista, marco sin duda a toda la ciudadanía del mundo, en especial a todos los intelectuales y artistas, todos sin duda se posicionaron en favor de la cultura.
Esta mañana de Julio de 1937 MIGUEL HERNADEZ el poeta pastor “que encontraba metáforas por las montañas ardientes y blancas de Alicante” tocaba la puerta del caserón de la calle Concordia de Valencia donde tenía su despacho el jovencito Ricardo MUÑOZ SUAY, el hijo de un médico Liberal cercano a la burguesía Valenciana, era uno de los militantes más jóvenes del partido comunista militante de la (FUE) Federación Universitaria Escolar.
Ricardo Muñoz Suay era uno de los dirigentes más jóvenes, su nivel cultural era muy elevado desde su adolescencia conocía a miembros ilustres de la INSTITUCIÓN LIBRE de ENSEÑANZA el de la mano de su padre frecuentaba las tertulias de los cafés valencianos y madrileños desde los 14 años allá por 1931 viajaba con su padre el doctor Carbonero,
En Madrid de la Republica vio a Miguel de Unamuno a Federico García Lorca los vio en las tertulias en compañía de su padre, el hijo del médico coleccionaba imágenes, escenas, presencias de los más ilustres de la poesía , de las humanidades, el que mas impresiono a Ricardo era Valle Inclán lo marco de por vida, el hablaba de la primera vez que lo vio, que lo saludo, decía Muñoz Suay, que fue como abrazar a Dios-
Aquella mañana de julio de 1937, el poeta abrazaba al compañero, al camarada Ricardo Muñoz Suay el poeta de Orihuela traía noticias de sus ocupaciones culturales en el frente, en el ejercito republicano, era como hacer balance de mas de un año de guerra, de la política cultural, MIGUEL HERNÁNDEZ quería conocer como abordaban los organismos universitarios las estrategias culturales que tan bien conocía Muñoz Suay.
En realidad, lo que quería Miguel era conocer a se joven de 20 años, del que tanto le hablaron el último año.
Contaba Ricardo que el poeta de Orihuela apoyado en los hierros desgastados del balcón del caserón de la calle Concordia en Valencia, decía Muñoz Suay “Miguel habla y a veces ríe, con una carcajada de africano, que deja ver su dentadura blanquísima, enorme. Miguel Hernández moreno, pelado, pantalón de pana, camisa militar, y unas alpargatas valencianas, Hernández el hermano de las palabras, que las encontraba bajo la tierra” Miguel y Ricardo van a una taberna de la plaza de la virgen, Ricardo pide una cerveza, Miguel prefiere un baso de limonada, juntos caminan por la calle de los fueros, y Miguel se para delante de un árbol, le dice a Ricardo “crees que puedo subir a la copa de este árbol, Miguel Hernández se subía a los arboles cuando llevaba demasiado tiempo pisando asfalto de las ciudades” decía el poeta, necesito respirar naturaleza, MIGUEL HERNÁNDEZ necesitaba los aromas mas sencillos y volátiles, eran su oxigeno primigenio el de los campos de Orihuela.
En la cárcel de Ocaña donde encerraron a Ricardo Muñoz Suay en 1945, ingresado después de ser detenido, tras seis años en un zulo, fue apresado en 1946, condenado a muerte, recluido en la cárcel de Ocaña en la misma cárcel donde estuvo preso Miguel Hernández.
Contaba Ricardo con mucha emoción, que en la cárcel de OCAÑA el escribía en la misma mesa que lo hizo el poeta Miguel Hernández.

 

MAITINES BAEZANOS
 
 
Bastara con cerrar los ojos
para ser piel de tu piel,
carne de tus entrañas.
 
Tiernos pechos de Aznaitin
preñados de guerreros morenos.
 
Alineados duendes 
de pestugas
en las rodillas.
 
Olivos de la paz
eternos como la luz,
nobles como su fruto.
 
Aznaitin y Mágina,
Guadalquivir,
de orillas de terciopelo
sembradas de madreselvas.
 
Pardos gigantes del sur
morenos, tiernos,
ingenuos y dulces,
olivos de mi vida.
 
Jornaleros, campesinos
criaturas de la esperanza,
líricos olivos de mi sangre.
 
Maitines para tu cielo
olivo en pie de paz.